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PARAPENTE EN SUIZA, MI EXPERIENCIA

¡Muy buenas viajeros! Domingo y nueva entrada en el blog…¿sobre qué? Hoy os cuento mi experiencia haciendo parapente en Suiza, concretamente desde lo alto de Schilthorn, a casi 3000 metros de altura. ¿Por dónde empiezo? Seguid leyendo.

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SUBIDA A SCHILTHORN

Siguiendo el valle de Lauterbrunnen, nos dirigimos a la parada de Mürren para después coger el teleférico que nos llevará a lo alto de este increíble gigante de 2970 metros. La subida es fácil, pero no apta para todos los bolsillos, nada menos que CHF 82.20. ¿Alternativas? En mi caso, no tuve que pagar, aprovechando mi estancia de 1 mes con el matrimonio suizo a través de WORKAWAY

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Para los que viajen por su cuenta, estoy seguro que debéis comprar la Swiss Pass, ya que no sólo os sirve para el resto de transportes(tren, autobús…) sino que os reducirá la tarifa en teleféricos al 50%.  Una vez comenzáis el trayecto, el teleférico comienza a llenarse de asiáticos con cámaras de fotos. Tratad de respirar y aguantad la subida. Una vez llegáis a la cima, se encuentra el increíble Thrill walk. ¿Qué es? Una estructura metálica de 200 metros en forma de pasarela que discurre alrededor de la montaña. El paseo transcurre entre equilibrios sobre un cable, andaduras a gatas por caminos de alambre o incluso partes de suelo de cristal. Toda una experiencia no apto para aquellos que sufren acrofobia o miedo a las alturas.

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COMIDA EN UN RESTAURANTE GIRATORIO

El paseo hasta la cima continúa hasta llegar al panorámico restaurante Piz Gloria, rodeado por una cristalera de 360 grados para que podáis disfrutar de una vista completa de las montañas y picos de la mágica Suiza. Mientras coméis, el restaurante va girando sobre sí mismo, de manera que las vistas cambian conforme acabas tu plato. ¿Ingenioso, verdad? Los platos no son extremadamente caros para tratarse del único restaurante a casi 3000 metros de altura. En mi caso, pedí una hamburguesa de garbanzos ¡tenían opción vegetariana! Esto cada vez me gustaba más. Por unos 23 euros comí con una refrescante agua con toque de manzana, algo muy típico en cualquier restaurante suizo.

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MUSEO JAMES BOND

Con el estómago lleno, bajando las escaleras del restaurante me topé con el museo James Bond, una sala de cuadros y fotogramas en honor al personaje de acción más representativo de los últimos tiempos. El museo tiene todo tipo de elementos de películas, desde una bomba con contador (de atrezzo) hasta fotogramas y cuadros de las diferentes películas. Es gratis, así que merece la pena echar un vistazo.

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TIRARSE EN PARAPENTE

Bueno, Pablo, que te enrollas, ¿no? Y por fin llegó el momento del parapente. Podría deciros que fue una experiencia segura, pero os alejaría de la realidad. Junto al mirador, saliendo del restaurante, comenzó la travesía. Una pisada fuera del camino marcado fue más que suficiente para que empezara a sudar del miedo. Hans me llevó durante una hora por bordes de colinas nevadas, agarrado a su mochila mientras él marcaba las pisadas. Las piernas se hundían hasta las rodillas, mi respiración era cada vez más fuerte y notaba una inseguridad latente en todo mi cuerpo.

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Por suerte, Hans estaba ahí. Me tranquilizó y continuamos el camino, hasta llegar a una explanada colina abajo, en donde comenzó la física aplastante, la más minuciosa prueba de los vientos suizos, chuparse el dedo para saber de dónde provenía el viento.  Fue entonces cuando nos pusimos manos a la obra y desmontamos los casi 20 kilos de mochila que llevaba Hans sobre sus hombros. Me dio una chaqueta térmica debido a las corrientes de aire, además de unas gafas de sol, y por supuesto el casco. Estaba listo, unido a él por el cinturón de seguridad que me permitiría estar sentado en su regazo.

SALTO AL VACÍO

Comenzó la cuenta atrás. ¿Está grabando la gopro? le preguntaba a Hans. “Yeap, it´s blinking!” Are you ready? Me templaban las piernas. No estaba “ready”. Ahora ya sabéis lo que toca, echar a correr colina abajo, esperando a que la diosa fortuna me diese fuerza para despegar del suelo. Eso no ocurrió. Correr sobre nieve mientras se hunden las piernas, agarrando la mochila de la cámara, sin poder agitar los brazos…mala combinación. Me caí contra la nieve, Hans encima de mí. Dos, tres, cuatro intentos. Me sentía impotente, aterrorizado por cada nuevo intento, pero sobretodo molesto por no poder despegar.

Está bien…la corriente de aire soplaba en otra dirección. Era fuerte. Hans vió nuestra oportunidad, y fue entonces cuando se produjo el milagro. Mis pies se desplegaron del suelo, y empecé a volar. Era un pájaro sin alas tirándome al vacío. Y como buen pájaro sin alas grité de euforia por poder volar. ¿La experiencia? Díficil de describir. Simplemente sentir cómo la piernas permanecen suspendidas sobre montañas nevadas, bosques frondosos y sentir la más grande aunque fría de las sonrisas, compensó todo el esfuerzo y el mal trago del camino.

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¿Os ha gustado la experiencia?  ¿Alguno ha hecho parapente? Dejadme más abajo vuestros comentarios :). Por último, ya sabéis que la vuelta a casa no es más que el comienzo de la siguiente aventura.

video de youtube

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1Comment
  • Mar
    Posted at 09:25h, 14 septiembre Responder

    Muy buena descripción de la aventuras

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